Estuve enfermo, y me dieron como único nombre "cama 24";
estuve enfermo, y me preguntaron si venía por el seguro o privado;
estuve enfermo, y me operaron sólo porque querían hacer prácticas;
estuve enfermo, y me quejé del dolor y comentaron: "se queja sin razón";
estuve enfermo, y oí decir: "No lo voy a atender yo siempre..."

Estuve enfermo, y me llamaron por mi nombre;
estuve enfermo, y venían cada mañana sonrientes a decirme "Buenos días";
estuve enfermo, y fui para ellos "alguien" y no algo;
estuve enfermo, y venían a verme para ofrecerme paz;
estuve enfermo, llegué con miedo al hospital y me acogieron con solicitud y cariño.

Estuve enfermo, y dieron vuelta a mi almohada para que estuviera mejor;
estuve enfermo, y me trataron con competencia;
estuve enfermo, y me dieron lo que más necesitaba: cariño, comprensión, escucha y amor;
estuve enfermo, y me dieron a Dios.

Tomado del cuadernillo "Cuando visites a un enfermo" de Mateo Bautista

Cada uno de nosotros, desde nuestras respectivas trincheras tenemos la oportunidad de evitar tener enfermos que sean tratados como "bultos" y buscar tener cada vez más enfermos que sean tratados con el amor que merecen.